La anciana del moño gris (VI)

25/06/2026 Desactivado Por Anna Val

Comí con mucha rapidez por culpa de la incomodidad que sentía al pensar que estaba siendo salvajemente espiada, ¡temía por mi creatividad! A pesar de que ésta se encontraba ausente, me preocupaba que precisamente en aquellos instantes tan peligrosos, tuviera la tentación de regresar a mí ser de manera sorpresiva, y, él, mi espía particular, entonces, ¡la robaría sin piedad! De manera precipitada, dejé sobre la mesa el dinero suficiente para pagar aquella cena y salí huyendo del Bristrot en dirección al hostal, sabía que él no podría seguirme, pues cabe decir que era un tanto anciano y, a causa de esa cuestión, su agilidad era tardía, somnolienta …

Por fin logré mi objetivo, me sentí a salvo del mundo dentro de aquel hostal. Con la respiración un poco sofocada me senté en uno de aquellos silloncitos, sin despegar la mirada de la fotografía de la anciana del moño gris. Entonces, vi que una mujer se acerba a mí, se trataba de Aanya, la esposa de Aadi.

«Hola, madame. Mi esposo me ha hablado de usted. Espero y deseo que se encuentre cómoda en nuestro humilde establecimiento.», me dijo aquella hermosa y dulce mujer.

«Oh, sí. Sí, muchas gracias.», le respondí y añadí: «Verá…  (¡dichoso «verá»!) ¿podría contarme la historia de esta anciana? Su esposo, Aadi, me comentó que ella fue la propietaria de este hostal y que tuvo una vida muy triste… ¿Es así?»

Aanya fijó su mirada en aquel retrato y, sonriéndome, me indicó que la acompañara hacía el pequeño comedor. Después, llenó dos copitas con un suave licor y nos sentamos alrededor de una mesita: «Si…, claro que puedo contarle la vida de Aurélie. Aquí, en esta zona de París todo el mundo hablaba de ella. Este lugar, que ella creó y regentó, albergaba a toda clase de intelectuales. Nos relataron, algunos de los que todavía hoy viven, que era una mujer con mucho glamour …» Aanya siguió narrando aquella historia que parecía tan cautivadora. Mi atención quedó atrapada en el suave tono de su aterciopelada voz…

«Aurélie nació en Shanghái, en el seno de una familia muy humilde. El padre de Aurélie se pasaba el día recorriendo las calles de Shanghái en busca de la generosidad de otros que le pudieran reportar un poco de comida con la que alimentar a su hija y a su esposa ciega y con una grave enfermedad reumatoide que la mantenía prostrada en una cama. Aquel hombre, fruto de la desesperación, la impotencia y la miseria, un día, cuando salió de su casa para encontrar algún pedazo de algo para saciar el hambre de su familia, fue caminando hacia el puerto y, una vez allí, se arrojó al mar y se ahogó. Su esposa, al ver que éste no regresaba pensó que algo muy grave le había ocurrido a su esposo y, fruto de la tristeza, se le paró el corazón y murió, dejando huérfana a Aurélie. Al cabo de un tiempo, una mujer que regentaba un establecimiento de geishas, se fijó en ella, pues era una niña muy bella y, al saber de qué no tenía a nadie en esta vida, la acogió para formarla en una geisha y poder darle un futuro. Al cabo de los años y, habiéndose convertido en una bellísima muchacha con un don muy especial para la danza, y siendo todavía una maiko, su destreza por el baile la hizo muy popular, acudiendo a aquel local un gran número de clientes para admirarla. Pero la fatalidad, nuevamente, se cruzó en la vida de Aurélie, una noche, bajando del escenario tropezó con una tablilla de madera y se rompió el tobillo. Aquella caída la dejó coja para siempre, teniendo que abandonar la que hasta ahora había sido su vida y su hogar.» Aanya hizo una breve pausa para sorber un poco de aquel licor que nos habíamos servido mientras que yo intentaba asimilar tanta desgracia…

Continuará…