El invisible hombre de Berlin (II)
Salí del local, nuevamente, entre empujones y pisoteando las cabezotas de aquel hormiguero humano, que, como un enjambre peligroso y tumultuoso, iban arrojándose a contracorriente hacia el interior de aquella puerta roja y dorada del Hans Vaterland, la cual parecía una enorme bocaza que iba tragando todo aquello que se introdujera en sus profundidades. Pero…